Imprimir apuntes en menos hojas (y qué ahorras de verdad)
Pon 2, 4, 6 o 9 páginas de un PDF en cada hoja antes de imprimir. Qué disposición va bien para apuntes, borradores o diapositivas, qué ahorras de verdad y qué se pierde.
Ochenta diapositivas para la clase del martes. A una por hoja, la bandeja se queda vacía antes de llegar a la mitad. O un borrador de treinta páginas que tienen que leer tres personas en papel para poder escribir encima. O el guion de una charla, que lo quieres en la mano y no en la pantalla.
Ninguna de esas cosas necesita una hoja entera por página. Casi todas se leen igual de bien a cuatro por hoja, y el taco que sacas de la impresora ocupa una cuarta parte.
En reader.me ya puedes montarlo antes de imprimir: Páginas por hoja coge un PDF y te devuelve otro PDF con 2, 4, 6 o 9 páginas del original en cada hoja. Sueltas el archivo, eliges el número, descargas. El original se queda como estaba.
El número depende de para qué es el papel
Las cuatro disposiciones no son intercambiables, y elegir mal echa a perder la impresión igual.
- 2 por hoja. Para lo que vayas a leer de verdad: un borrador, un capítulo, un contrato. Cada página sigue siendo lo bastante grande para leerla con el papel sobre la mesa, y ya has partido el taco por la mitad. Es la opción con la que arranca la herramienta.
- 4 por hoja. La de las diapositivas. Una presentación está pensada para leerse desde el fondo del aula, así que reducirla a un cuarto de hoja no cuesta nada. Ochenta diapositivas caben en veinte hojas.
- 6 por hoja. A medio camino entre leer y ojear. Sirve para material de apoyo que la gente va a seguir mientras hablas, o para desplegar un montón de páginas encima de la mesa y compararlas.
- 9 por hoja. Esto no se lee, esto se mira. Es un índice visual del documento entero: dónde empieza cada sección, qué páginas llevan tablas, en cuál estaba el gráfico. Los guiones gráficos y las maquetas de una revista viven aquí.
Si dudas, imprime una hoja suelta antes de mandar el documento entero. La vista previa te enseña la rejilla, pero el papel a un palmo de los ojos es la prueba buena, sobre todo si el texto original ya era pequeño.
Marca la línea alrededor de cada página
Hay una casilla para dibujar una línea fina alrededor de cada página. Viene marcada, y a 6 o 9 por hoja es lo que separa un material aprovechable de una mancha gris.
El motivo es tonto: cuando las páginas son pequeñas y están juntas, el ojo no tiene nada que le diga dónde acaba una y empieza la siguiente. Casi todos los PDF llevan márgenes blancos, así que a 9 por hoja lo que ves es una superficie blanca con grumos de texto flotando. La línea le da un borde a cada página y la rejilla se lee como rejilla.
A 2 por hoja muchas veces sobra: las páginas son tan grandes que se distinguen solas y los recuadros quedan recargados. Prueba las dos cosas en la misma hoja y decide.
También puedes mover dos números: el margen de la hoja y el espacio entre páginas. Cuanto más aire dejes, mejor se lee la rejilla y más pequeña sale cada página. Si vas a taladrar el resultado o llevarlo a encuadernar, sube el margen para que los agujeros no se coman nada.
No se estira nada
Esta es la parte fácil de estropear y difícil de ver hasta que tienes el papel delante.
Cada página se reduce con un solo factor, el mismo a lo ancho y a lo alto. Las proporciones sobreviven. Si la página no encaja justa en su celda, se centra y lo que sobra se queda como aire alrededor: nunca se tira de ella para que los bordes cuadren. Una página estirada da una sensación rara que casi nadie sabe explicar pero todo el mundo nota, y en papel ya no hay arreglo.
Cada página se mide contra su propia celda, además. Si tu documento mezcla A4 vertical con una hoja de cálculo apaisada que alguien metió por medio, las dos salen con sus proporciones correctas en la misma hoja. Ninguna arrastra a las demás.
Qué ahorras de verdad
El papel es lo evidente y es exacto: cuatro páginas por hoja son la cuarta parte de las hojas, siempre.
Con el tóner la cosa tiene más matiz. Lo que gasta una impresora depende de cuánta superficie acaba cubierta de marcas, y al reducir una página a un cuarto de su tamaño las marcas se reducen con ella, así que baja. Pero no esperes que baje en la misma proporción: la impresora pone un mínimo en los trazos finos y en la letra pequeña, así que una página apretada de texto no escala tan bien como una de titulares y espacio en blanco. Menos que antes, sí; una cuarta parte, no.
Y luego está lo que no cuenta nadie: un borrador encuadernado que abulta la cuarta parte pesa la cuarta parte para mandarlo por correo, ocupa la cuarta parte del cajón y no necesita dos pinzas para sujetarlo.
Qué se queda por el camino
El resultado es un documento nuevo, y toca decir lo que eso cuesta. Los enlaces, los campos de formulario, los comentarios y los marcadores del original no viajan. Si el destino es la impresora da igual, porque en el papel nunca ha habido enlaces que pinchar. Si pensabas quedarte el montaje como tu copia de trabajo de un formulario, no lo hagas: para eso, guarda el original.
El texto sigue siendo texto. Las páginas se incrustan, no se fotografían, así que el resultado se puede seguir buscando y copiando. A mucha gente le sorprende, porque da por hecho que un montaje sale convertido en imágenes.
Un detalle al imprimir: pon la escala al 100% o en “tamaño real”. Si además dejas que el driver haga “ajustar a la página”, reduce otra vez algo que ya venía reducido y le añade un segundo juego de márgenes, y las 9 por hoja salen ilegibles sin que haga falta.
No sale del navegador
El archivo se lee en la memoria de tu equipo, las hojas se montan ahí y el PDF nuevo se guarda directo en tus descargas. No se sube nada, que importa bastante más de lo que parece cuando lo que imprimes son exámenes o expedientes de alumnos o un artículo que todavía no está publicado.
Si te apetece comprobarlo, quita el wifi y monta el PDF sin conexión. Sigue funcionando, porque nunca hubo nada que enviar.